Me escondía, pero me encontraron
Jugar a
“escondidas” era uno de mis pasatiempos favoritos cuando era pequeña.
Disfrutaba compartir con mis amigos y ocultarme entre los arbustos y objetos
que tenía a mí alrededor porque era increíble saber que nadie me veía, ni me
reconocía con facilidad. Era un tiempo divertido, que continuó predominando en
mi adolescencia y aún en ocasiones es relevante en mi actualidad, pero no como
un juego sino como un estilo de vida. Evitaba exponerme, hablar en público, ser
reconocida, mostrarme como era, comprometerme con actividades y salir de mi
zona de confort, no me gustaba para nada, me sentía abrumada emocional y
físicamente, porque no disfrutaba la mirada y palabras de los demás acerca de
mí. No me sentía segura frente a otros, sino solo junto a mi familia y amigos
cercanos.
Y el tiempo pasa y mantener ese estilo de vida ha sido difícil. No es placentero estar siempre ocultándose. Es imposible permanecer en una “burbuja” sin que nadie sepa de ti, cuesta, y mucho. Cuesta mantenerse todo el tiempo evitando, evadiendo y huyendo del compromiso. Cuesta no enfrentar los retos, las rupturas y los problemas, sin recurrir a la huida e incluso frecuentar posponer la situación tratando de no tomar las cartas en el asunto. Y me refiero a no tomar cartas en el asunto de las emociones, las decisiones, las relaciones, las etapas, los nuevos trabajos, las dificultades familiares/espirituales/ sociales/ personales, etc. Cuesta y es doloroso para nuestro ser, por el simple hecho de que estamos perdiendo la esencia de la vida. Vivimos cuando decidimos sentir, experimentar, compartir, dialogar, reír, caer, errar, disfrutar (…)
Vivimos, cuando descubrimos la esencia, cuando decidimos intentarlo, al atrevernos a crecer enfrentado cualquier situación, y al decidirnos aprender en el camino. Pero no siempre resulta agradable entender y vivir la vida, cuando comprendes que a causa del pecado el concepto de la vida se transformó. El pecado destruyó y sigue destruyendo la idea de Dios para el hombre y la mujer, porque es inevitable desprendernos del pecado cumpliendo muchas leyes, tratando de actuar de la mejor manera y creando nuestra propia redención para estar cerca de Dios.
Del pecado no podemos huir o escapar por
nuestra propia naturaleza humana, debido a que ella está llena de pecado. No
podemos a nuestro modo. He intentado deshacerme del pecado según mis
pensamientos, ideales y fuerzas, he batallado con el pecado tratando de
evitarlo y he fracasado pretendiendo ser buena ante Dios.
Y entre esos intentos que he hecho tratando de huir y evadir el pecado, de aquello que me hace mal, me destruye, me condena y me culpa, un día me tropecé con la cruz, la cruz de Jesús. Me choque muy fuerte con ella, pero valió la pena. Más no solo choqué, reconocí su belleza, levanté mi mirada y encontré la verdadera vida. Aprendí, que no tengo que huir, evadir y esconderme de Jesús porque Él me vio primero, Él me encontró primero, Él me conoció primero, Él me amó primero, Él me predestinó, llamó, justificó y glorificó primero (Romanos 8:29-30).
Y no tengo que huir por el
pecado o mi condición, ya que Jesús me enseña como puedo vencerlo. No tengo que huir o
esconderme, más bien tengo que ir a la cruz, a ese lugar seguro. Allí
pertenecemos tú y yo a través de la fe. Allí
encontramos vida, paz, amor, gozo, salvación, redención, futuro, perdón,
sanidad, abrazo, consuelo e identidad.
Cuando en Cristo encontramos verdaderamente nuestra
identidad, ya no hay necesidad de escondernos, porque Él nos acepta tal y como
somos, Él comprende nuestro interior hasta el punto que se queda a vivir en
nosotros. No buscábamos y encontramos. No éramos nación y ahora somos pueblo.
Éramos insensatos y ahora somos sabios. No preguntamos por Dios, pero ahora
estamos cerca por Gracia.
- Somos escogidos y Dios nos formó: Efesios 1:4-6, Salmo139:13-16.
- Somos hijos de Dios y Él mora en nosotros: Juan 1:12, 1Corintios 6:19-20.
- Somos su pueblo y su iglesia: 1 Pedro 2:9-10, 1 Corintios12:27.
- Somos una nueva creación: 2 Corintios 5:17, Efesios 4:22-24.
- Somos creados para buenas obras: Efesios 2:10, Juan 8:12.
- Somos ciudadanos del cielo: Filipenses 3:20, Colosenses 3:2.
- Somos creados para dar frutos: Juan 15:5, Efesios 5:8-10.
- Tenemos vida eterna: Juan 3:36, Romanos 8:1-2.
Esa es nuestra verdadera identidad en Cristo Jesús. Esa es
nuestra verdadera naturaleza dominada por el Espíritu Santo. Esa es nuestra
verdadera vida sin escondernos gracias a Cristo!. Vamos a la cruz una y otra
vez. Ya no debemos de ocultarnos, sino que ahora nuestra misión es permanecer
en Jesús y dar a conocer quien es él. ¡Nuestro trabajo ahora es extender Su
mensaje de amor y gracia para que vean en nosotros a Jesús! (Mateo 5:14-16)
A quien ven en mí, es a Jesús. Ya no me escondo porque he sido encontrada para encontrar a otros.
Escritora invitada:
Carol Benavides, directora creativa de CreSER House, proyecto donde ofrece herramientas y estrategias para fortalecer nuestra relación con Dios y el crecimiento de nuestro ser, a través de estudios bíblicos y devocionales virtuales. Puedes conocer más en su cuenta @creserhouse

Comentarios
Publicar un comentario