Santidad no es perfección
Hemos recibido de Jesús un estado de pureza
cuando nacimos de nuevo, no porque nosotros seamos muy buenos, o porque no nos
hayamos equivocado, fue por la forma en que Jesús vivió que fuimos justificados
(aceptados) ante Dios.
En este momento usted puede sentir la
obligación de vivir como uno que no comete errores, que siente culpa por no ser
lo suficiente bueno ante Dios. Pero la santidad no es un estado que nosotros
hemos alcanzado por nuestra conducta, fue un regalo recibido por la obediencia
de Cristo que lo llevó a entregar su vida en la cruz. Note que en Hebreos 10:10
dice que “somos santificados mediante el sacrificio del cuerpo de
Jesucristo", es decir que Cristo es un sacrificio perfecto, para
perfeccionar a personas muy imperfectas (nosotros).
Cristo hizo un solo sacrificio por los
pecados en la cruz, ¡y eso fue todo! Pero ¿qué es ser santo?
Imagínese que adopta a un cerdo como
mascota, lo baña, le pone perfume y lo viste, pero un día llueve y encuentra
que en el patio de su casa el cerdo está revolcándose en el fango. Usted podría
esforzarse por cambiarle esa conducta al cerdo, pero le sería imposible porque
esa es su naturaleza.
Ahora en Cristo ha sido cambiada nuestra
naturaleza, somos santos, es decir nos apartó del mundo y del pecado, nos
separó para su Gloria, por eso el revolcarnos en el fango del pecado no es una
conducta natural. Antes de conocer a Jesús vivíamos una vida entregada al
pecado, pero ahora usted peca y siente incomodidad porque usted ve el fango del
pecado de otra manera y ya no desea revolcarse en el. Su deseo como hijo de
Dios es estar apartado del pecado, sus deseos han sido transformados para darle
placer al Padre.
Santidad no es perfección, porque aún
tenemos un cuerpo que halla placer en el pecado, tenemos un alma que está en
proceso de renovación, pero somos un espíritu nacido de nuevo por su Palabra.
Somos espirituales que nos agrada vivir de acuerdo al Espíritu Santo, y no por
las prohibiciones de la religión.
Ser hijos de Dios no nos hace perfectos,
por eso si falla corrija el error rápido, si ofende a alguien vaya y pida
perdón, si cayó en el fango límpiese con la Palabra. Porque la santidad es la
naturaleza de Dios y nuestra naturaleza como sus hijos.
El reto de un hijo de Dios es actuar como
Cristo, y vivir de tal manera que los que no conocen a Dios vean en usted un
Dios de amor.

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