Sin defensa ante la ofensa



A lo largo de nuestra vida nos sentimos ofendidos y muchas veces esa ofensa viene de personas cercanas, familiares, amigos o en quienes un día depositamos nuestra confianza. Como lo hemos vivido nosotros así lo vivieron algunos personajes de la biblia, por ejemplo cuando el rey David sufrió la rebelión de su hijo Absalon y de su consejero íntimo Ahitofel, David ante esta situación expresó su dolor en Salmos 55:12-14 “Si un enemigo me insultara, yo lo podría soportar; si un adversario me humillara, de él me podría yo esconder. Pero lo has hecho tú, un hombre como yo, mi compañero, mi mejor amigo, a quien me unía, una bella amistad, con quien convivía en la casa de Dios”.

En la misma situación estuvo Jesús, luego de compartir con sus discípulos para la cena de la pascua les dice en Lucas 22:21 “Pero aquí en esta mesa, sentado entre nosotros como un amigo, está el hombre que me traicionará”

Nosotros lo hemos vivido, de la mano de aquel que un día decía amarnos recibimos golpes, el amigo que dijo en las buenas y en las malas es quien ha causado el mal, aquel a quien juraste amor eterno frente a unos testigos te traiciona, los padres que de niños soñaban con una familia deciden abandonar a sus hijos y aquellos en quienes pensaste confiar en tu angustia te dan la espalda. 

Y luego en nuestro corazón nace el resentimiento, lo adoptamos para vivir con él y obramos por él, escondiendo el dolor de nuestro corazón. 

Max Lucado relata que Jesús el hijo de Dios no fue ajeno a esta clase de maltrato y el día de su crucifixión vive este dolor: 

"El diálogo en la mañana de ese viernes era amargo. De los espectadores:-¡Si eres el hijo de Dios bájate de esa cruz!

De los líderes religiosos: -A otros salvó, pero así mismo no se puede salvar.

De los soldados: -Si tú eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo.

Palabras amargas, ácido con sarcasmo, odio, irreverencia. ¿No era suficiente que él estaba siendo crucificado? ¿No era suficiente que estaba siendo avergonzado como un criminal? ¿No eran suficientes los clavos? ¿fue la corona de espinas demasiado suave? ¿Habían sido muy pocos los azotes?, para algunos aparentemente sí. Pedro, un escritor no dado normalmente a usar muchos verbos descriptivos, dice que quienes pasaban cerca “ le lanzaban insultos al Cristo Crucificado”. Ellos no sólo insultaban, hablaban o blasfemaban, le “lanzaban piedras verbales “. Tenían toda la intención de herir y lastimar. ¿Qué clase de personas –me pregunto– se burlaría de un hombre agonizante? ¿Quién sería tan indolente como para poner sal en las heridas abiertas? ¿Cuán bajo y pervertido es hablar con desprecio a uno que está atado con dolor?"

Sin lugar a dudas también has tenido que soportar palabras que hieren, la traición, alguien que amas y respetas te azota en el piso con golpes o con sus palabras. Tal vez las palabras no fueron dirigidas para herirte, eso no importa, pero la herida quedó profunda. Son daños internos un corazón quebrantado, el orgullo herido y motivos para vivir con amargura. 

Si has sufrido o estás sufriendo hay un bálsamo para esa herida, en las palabras de 1 Pedro 2:23 “No respondía cuando lo insultaban, ni amenazaba con vengarse cuando sufría. Dejaba su causa en manos de Dios, quien siempre juzga con justicia”.

¿Ves lo que hizo Jesús? Él no devolvió la ofensa “dejó su causa en manos de Dios, quien siempre juzga con justicia”. Él no se quedó con eso en su corazón, no dudó de manera inmediata en soltar ese resentimiento y entregarlo al padre cuando expresó «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» Te invito a que hoy puedas perdonar y expresar con tus labios “Mi causa en tus manos Dios, tu siempre juzgas con justicia”

Y por el dolor de tus heridas no te preocupes Jesús ese buen samaritano que aunque despreciado por los hombre viene a ti para sanarte con el bálsamo de su gracia y perdón.

Dice en Lucas 10:33-34 “Entonces pasó un samaritano despreciado y, cuando vio al hombre, sintió compasión por él. Se le acercó y le alivió las heridas con vino y aceite de oliva, y se las vendó”.

Amigo de Pura Fe, Yeison Sosa es apasionado por conocer el corazón del Padre y es dedicado a compartir la verdad de la Palabra con otros. Su deseo es animar a las personas a crecer en el propósito de Dios para sus vidas. Síguele en Instagram.

Referencia: Max Lucado (1995) Crónicas de la cruz con Razón lo llaman el salvador. Pp. 19-20.

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